LA GENERACIÓN QUE TEMIÓ A SUS PADRES Y AHORA TEME A SUS HIJOS

Diego SosaUncategorizedLeave a Comment

Es interesante ver cómo estamos viviendo en medio de dos aguas. Hijos que mandan a sus padres y abuelos que creen que enseñaron a sus hijos. Las redes sociales están repletas de dichos de personas que criaron a punta de correa y los que están orgullosos de los golpes recibidos.
Las consecuencias de la obediencia están demostradas en muchos ámbitos. A partir de personas obedientes se han cometido las peores barbaries de la humanidad. En mi libro Migomismo II – Su Inteligencia Interpersonal expongo cómo el experimento de Milgram nos muestra que la obediencia lleva a las personas a hacer cosas que no deberían y contra sus valores.
Milgram hizo que voluntarios le dieran descargas eléctricas de hasta 300 voltios a alumnos que respondían mal a preguntas. Claro que la energía no era verdadera y el alumno era un actor. El voluntario no lo sabía. El experimento se ha repetido de diferentes formas y en diferentes culturas como detallo en mi libro, y los resultados siguen siendo los mismos.
Milgran quería encontrar qué había llevado a los militares del ejército alemán a actuar en la matanza de Josephus. Se ha demostrado que todos somos capaces de actuar de la misma manera si somos seguidores y nos doblegamos al mandato de un superior. Dos tercios de los voluntarios le dieron el castigo máximo a los supuestos alumnos, a pesar de sus gritos por liberarse.
Muchos piensan que los golpes los hicieron una persona de bien. La mayoría de ellos se convirtieron en personas obedientes, consiguieron un trabajo con un jefe bien mandón y tuvieron hijos a quienes también obedecen. Sí, ahora les tienen miedo a sus hijos. Claro, no son todos, pero los estudios que hemos hecho nos dan una gran mayoría. Observe a su alrededor cuántos padres viven haciendo sólo lo que sus hijos les permiten hacer. ¿Quizá los hijos también tienen correas que utilizan!
Con golpes sólo obtendremos personas con miedo y con una autoestima frágil. La base para cualquier comportamiento sano es una autoestima alta. Y no quiero confusiones, veo en las redes muchas fotos y caricaturas mostrando lo que supuestamente es una alta autoestima… Por ejemplo, una dama con sobrepeso que se ve al espejo como una esbelta mujer de catálogo de prendas íntimas… eso no es alta autoestima, eso es una alta estima alta, que nos lleva a una baja autoestima. O sea, nos creemos algo que realmente no somos. En mi libro lo explico con lujos de detalles.
Para resumir mi concepto: Cuando nos doblegan con golpes, ya sean físicos o psíquicos, terminamos creyéndonos menos. “Tú si eres bruto”, “¿a quién habrá salido?”, “nadie se va a enamorar de ti” y demás vejaciones terminan corroyendo nuestra autoestima.
Personas con autoestima baja no pueden ser emprendedores, terminan siendo conejillos de india y obedientes corderitos, a veces con una gran bocota. ¿Cómo atreverse a iniciar un negocio si desde pequeño le dijeron que no sería capaz de nada? O por el contrario, lo inicia y desde que tiene entradas utiliza el dinero para mostrar que sí podía tener éxito. El dinero que necesitaba para seguir el negocio… o el dinero que le prestaron por su buena imagen crediticia.
Golpear, física o mentalmente, a los demás para obtener lo que queremos de ellos es la mejor forma de atrofiarles parte de su futuro. Prefiero motivarlos a lograr cosas y ayudarlos a no cometer errores.
FRASE DE LA SEMANA
“Quien decide maltratar es porque no sabe guiar.”
Diego A. Sosa

Coach, Consultor, Conferencista y Escritor

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