EL CASTIGO

Diego SosaUncategorizedLeave a Comment

Para muchos, el sistema establecido del castigo es la mejor solución para enseñar: ¿Por qué no hay un castigo por malgastar y endeudarse? Quizá sea una solución a la “pobreza senil”. Si podemos enseñar a las personas a no gastar por encima de lo que reciben lograremos que no desperdicien dinero en altos intereses y que construyan su propio futuro financiero.
Castigar es muy usado, aunque por lo general odiamos ser castigados. Más cuando pensamos que el verdugo no tiene la razón. El sistema viene de tiempos antiguos y muchos insisten en que son quienes son gracias a los castigos… esos que en la mayoría de los casos fueron sobredimensionados y en otros totalmente injustos.
Veo que muchas personas respetan las leyes para evitar el castigo; es muy natural porque el libre albedrío nos guía por un mundo egoísta y sin consecuencias. Sin embargo, prefiero a las personas que han sido educadas de tal forma que no piensan en el castigo de infligir una regla o ley, simplemente no hacen lo indebido a pesar de saber que no serán descubiertos… como no pasar un semáforo en rojo no importando que no haya policías o cámaras que los lleven al castigo (la multa) o no quedarse con una cartera encontrada a pesar de no ir a ser descubiertos.
Nuestro cerebro se acostumbra a actuar de acuerdo a las consecuencias. Las reglas morales se han inventado después que el instinto de supervivencia no es tan importante. Hasta no hace tanto tiempo, el humano sólo tenía que preocuparse por cubrir sus necesidades básicas y las de seguridad, las comodidades no eran frecuentes… lo importante era estar vivo. Con el pasar del tiempo hemos cambiado la sociedad y cometer errores ya no es cuestión de vida o muerte.
Estoy casi seguro de que nadie es perfecto… sé que la gran mayoría de los humanos (por no decir todos) cometemos errores. ¿Cuál es la razón que encontramos para imponer los castigos? Pienso que es poca tolerancia a los errores, los que muchas veces nosotros mismos hemos cometido.
Enseñar me resulta más efectivo que castigar. Cuando nos basamos en el pasado nos concentramos en querer corregir el error cometido, ¿lo logra el castigo? Yo me permito dudarlo. Mirando al futuro puedo concentrarme en la enseñanza. Sin retaliaciones ni rencores, con tolerancia y reconociendo que tampoco soy perfecto; también cometo muchos errores.
Los castigos son variados: El reproche, castigo que busca amedrentar psicológicamente al receptor; Agresión física, por lo general ocurre cuando dejamos que la parte del cerebro que llamamos amígdala (no las de la garganta) se adueñen de la reacción y nos preparan para la batalla soltando hormonas específicas, siempre se ejecuta contra alguien más débil; Castigo monetario, como la pérdida de trabajo, en ocasiones necesario por la persona no ser capaz o por haber costado demasiado… Interesante me resultó escuchar un señor decir que no sacaba de su empresa al que ya había cometido un error de éstos; consideraba que había pagado para obtener el aprendizaje, sacarlo ahora era un error. Puede encontrar más en mi libro Migomismo II en el capítulo sobre la crianza emocional.
El castigo nunca se considera necesario cuando es contra nosotros, pocas veces merecido según los demás, pero siempre justificado según el verdugo.
No se castigue por los errores financieros cometidos… mejor ocúpese de corregirlos.
FRASE DE LA SEMANA
“Cuando creo que debo castigar una falta es porque cometí algún error al enseñar”

Diego A. SosaCoach, Consultor, Conferencista y Escritor

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